27 de diciembre
Charlas entre mujeres
Último capítulo de la temporada
Carolina Aguirre

Con fin de año y las fiestas, llega también el final del blog. Es increíble que ya haya pasado tanto tiempo y hayamos hablado de tantas cosas. Más de 200 mujeres, 5 generaciones, 32 videos y más de 8 meses. Todas aprendimos. Tanto las que estamos de este lado como ustedes, que estuvieron ahí, leyendo y comentando durante todo este tiempo.

Ya hablamos de muchísimos temas y nos sentimos identificadas con otras mujeres que, curiosamente, nunca habíamos visto en la vida. Conocimos chicas que gastaban miles de pesos en maquillaje, que llegaron vírgenes al matrimonio, que siguieron a su marido hasta otro país, que están obsesionadas con su pelo, que dejaron la carrera para ser mamás o que la retomaron luego de ser mamás por sus hijos, que descubrieron quienes eran cuando se fueron a vivir solas. Todas historias diferentes y únicas, y a la vez parecidas a todas nosotras.


Por ahora nos despedimos, sí, pero nos vamos a volver a encontrar, con muchas más anécdotas para compartir y muchas más mujeres reales, maravillosas y complejas como vos.

19 de diciembre
Belleza
El Maquillaje
Carolina Aguirre

Desde que somos chicas, el maquillaje se nos ofrece como una tentación irresistible. Mi sobrina, que tiene un año y medio y apenas puede caminar sin darse la cara contra el piso, está todo el día patrullando el living, a la espera de que mi cuñada deje la cartera sola, para hacerse del porta-cosméticos y salir corriendo. Al menos una vez por semana la encuentran en el patio, agachada atrás de una maceta, pintarrajeándose la cara con sombras y labiales robados, a punto de estallar de placer.

Yo misma, que ahora me maquillo de vez en cuando y sólo para tapar granitos o emparejar un poco el color, cuando era chica me moría por esa valijita de Tammy que traía un esmalte de uñas rojo, una extensión de pelo celeste platinado, y un labial gomoso con gusto a frutilla que no duraba nada en la boca.

También, aunque ahora sólo uso base y rímel, siento una atracción compulsiva por las perfumerías. Me encanta revisar anaqueles, mirar colores, probarme labiales y también, por qué no, comprar productos milagrosos que jamás voy a usar. Sólo el olor a sombras sin abrir, a cremas hidratantes, a testers de perfumes, me pone contenta.

No logro, sin embargo, entender qué me atrae tanto. No son ganas de gustar o de ser más linda porque no los uso. Ni placer por comprar, porque podría llevarme un montón de otras cosas que disfruto más que las pinturitas. Tampoco es que haga planes de maquillarme a futuro: sé que no lo haré ni me interesa hacerlo porque mi marido lo odia y a mi piel le hace mal. Y sin embargo, aún sabiendo todo esto, sigo babeando, como una nena de un año y medio que saliva cuando ve abierto el portacosméticos de su mamá.



En el video muchas chicas sienten que el maquillaje también es un lazo de unión con sus mamás y sus abuelas. Una forma de imitarlas, de jugar a ser mujer cuando todavía somos chicas. ¿Pero qué hay de las nenas cuyas madres no se maquillan? ¿De dónde sacan esa pasión por el labial? ¿Podrá ser algo que viene adentro nuestro desde esa edad? ¿Una pulsión ya programada por mostrarnos más lindas, más jóvenes, más fértiles y deseables? ¿Será verdad?


 

12 de diciembre
Belleza
La Depilación
Carolina Aguirre

Como le pasa a la mayoría de las mujeres, detesto depilarme con todas mis fuerzas. Me quejo de este hábito desde que empecé, a los catorce años, delante de todo el quiera oírme en ese momento. A mi marido, por ejemplo, lo tengo harto con el asunto de la depilación. Me quejo cuando me depilo las cejas en el baño, cuando voy a la peluquería a hacerme las piernas o cuando medito si debería hacerme depilación definitiva en las axilas y olvidarme del problema para siempre o no. Siento que es una costumbre arcaica, ridícula, que raya la violencia de género. ¿Para qué sufrir así? ¿No es acaso el pelo natural, algo propio del cuerpo? Si está bien para ellos ¿Por qué para nosotras no? ¿Qué tienen sus axilas que las nuestras no tengan?

Su respuesta -un poco porque está harto y otro poco porque es muy moderno- siempre es la misma: que no me depile más. No le ve sentido, le parece un sufrimiento ridículo, y tan antiguo como empolvarse el cuerpo o ponerse un corset para tener la cintura bien chiquita. Y cada vez que me lo dice, mi respuesta es también idéntica: ¿Estás loco? ¡Qué asqueroso! Mirá si voy a salir a la calle con pelos en las piernas!

Bueno, parece que no soy la única. Ayelén también elige depilarse aunque su novio no se dé cuenta o le diga que no lo haga más. ¿No es gracioso? Nos quejamos de que la depilación es una tiranía y una esclavitud o de que los hombres no se depilan cuando en realidad, esa pretendida tiranía no es de nadie más que nuestra.

06 de diciembre
Belleza
La Piel
Carolina Aguirre

Me cuesta muchísimo cuidarme la piel, porque a diferencia del pelo -que necesita un baño de crema por mes- la piel requiere constancia y trabajo duro. Hay que acordarse de hidratarla, de nutrirla, de pulirla, de limpiarla, de sacarle el maquillaje, y además tiene granitos, manchitas, problemas con el sol y todo lo que les ocurra. Es demasiado trabajo para mí.

Tampoco me maquillo. De vez en cuando uso alguna base o base con brillo y rímel si tengo que ir a un evento o hacerme unas fotos. Hace más de diez años que no tengo un lápiz labial o que uso delineador. Me parece demasiado para el estilo de vida que llevo yo.

Además, tengo sólo dos cremas: una para la cara y otra para el cuerpo, pero desde que cumplí treinta años me planteo que quizás debería dedicarme un poco más porque sino a los cuarenta voy a estar destruida. Por eso, cada tanto -o cuando me agarra el ataque, en realidad- voy a una perfumería, me compro toda la línea de cuidado de alguna marca, y me propongo empezar. El envión me dura, como mucho, una semana. Después archivo los frascos y me vuelvo a lavar con jabón o a pasarme una toallita demaquillante antes de irme a la cama.  Esta semana estoy haciendo el quinto intento, con unas cremas nuevas ¿Me durará?

Después de ver el video, no puedo creer que haya chicas de menos de treinta años (como Paula ¡que tiene veintidós!) que tengan treinta o cuarenta potes de crema. Me pregunto qué van a hacer cuando tengan sesenta. ¿Comprarán ciento veinte?
 

29 de noviembre
Desarrollo Personal
Viajar Sola
Carolina Aguirre

Cuando empecé a viajar sin mis padres yo era bastante joven, tenía apenas dieciocho años. En esa época yo trabajaba y me iba bien, pero como mis amigas estudiaban y nunca tenían plata, tuve que irme sola a todos lados. No me quejo.  Siempre la pasé bien, conocí gente y disfruté del placer tiránico de no tener que consensuar excursiones ni horarios con nadie. Viajar sola tiene su encanto. Pero en el fondo, siempre quise tener una persona (una amiga, un novio, un marido) que viajara conmigo para pegarle un codazo cuando veía algo asombroso o para no tener que pagar las abultadas sumas que piden los hoteles cuando ocupás una habitación doble vos sola.

A los veintitrés años, por fin conocí al que hoy es mi marido, con quien yo esperaba viajar por todo el mundo. Europa. Estados Unidos. Oriente. El Caribe. Pero desgraciadamente, en esa época ambos habíamos cambiado de carrera y era imposible pensar en pagar un viaje, así que lo fuimos postergando.

Recién hace unos años pudimos pensar en viajar, sobre todo porque yo tuve que empezar a ir a otros países a dar charlas o presentar libros y podíamos aprovechar para ir juntos y quedarnos unos días a pasear y conocer. El problema es que justo en ese momento, a mi marido le dio un pánico inédito de subirse al avión. Así, de la nada.

Probamos con un viaje corto, a Bariloche, y la verdad es que la pasó tan pero tan mal que se nos hace imposible pensar en ir a Europa o a Estados Unidos con él temblando de miedo. Así que seguí viajando sola, como diez años atrás, sólo que ahora la paso peor, porque tengo a quien extrañar.

Como yo, hay muchas chicas que viajan solas. La primera vez porque no tienen más opción y no quieren perderse la aventura, y después porque descubren que cuando viajás sola, te encontrás con muchas personas que también viajan solas y terminás conociendo gente y pasándola mejor que yendo con conocidos.


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